
Quizá fuera
Fran Sevilla, corresponsal de Radio Nacional de España, y encargado de dar comienzo a las jornadas, quien para nuestro gusto definiera de manera más ordenada y sencilla lo que significa la guerra en el siglo XXI.
Él resaltó la llamada
"guerra espectáculo" y distinguió entre tres tipos de guerra: las olvidadas (aquellas que no resultan relevantes para el resto del mundo), las invisibles (que se ocultan porque sí afectan de alguna manera al resto) y las mediáticas (en las que la manipulación de los medios modifica la resolución de los hechos). En este último tipo de guerra centró Fran Sevilla su ponencia. En la “guerra espectáculo”, como él la denomina, los medios de comunicación tienen preferencias: intereses sobre información. Según Sevilla, los mass media se rigen según las pautas que se marcan unos a otros. Es decir, no importa si un reportero consigue una noticia en contenido más original que otra; al final lo que se destina al espectador del mundo es una misma
“desinformación” manipulada y controlada por las grandes empresas periodísticas. Es lo que denomina el “seguidismo de la televisión global”. Nuestra pregunta es, ¿de qué sirve entonces jugarse el cuello como corresponsal en un conflicto, si al final la emboscada la realizan los propios medios?
A lo largo de su interesante ponencia, se contaron ejemplos de manipulación en ayuda humanitaria, algo que narró con la anécdota de los paquetes amarillos. Éstos, cargados de comida, se lanzaban desde los aviones de la misma forma que, días más tarde, cazas del enemigo arrojaban bombas racimo del mismo color; la consecuencia: cientos de lisiados que confundieron las bolsas amarillas con comida…nada se supo de esto. Destacó también que, en su larga vida como reportero de guerras civiles en Nicaragua, la antigua Yugoslavia, Irak…, ha coincidido en ver un desconocimiento generalizado de medios y periodistas. La gente duda al ubicar un lugar en el mapa, no conoce la historia o los porqués de los enfrentamientos entre unos pueblos y otros. Esto es algo que destacó como primordial a la hora de ser un buen periodista y un buen corresponsal de guerra: hay que prepararse, documentarse, conocer… Para nosotros no es algo primordial, sino obligatorio. Un corresponsal es un profesional, debe estar totalmente cualificado.

Pedro Pulgar, de La Opinión de los Ángeles, presentó también una ponencia muy interesante. Él centro su visión de la guerra en dos bandos diferenciados: el militar, que tiene el interés primordial de ganar la guerra en el mínimo tiempo posible, y el periodista, que busca la manera de exportar información aunque no la haya. De este choque de interés habló Pulgar en su ponencia, en la que destacó además el papel de la tecnología en la recepción de información. Se discutió también acerca del “periodismo de encima del tejado”, que se produce cuando el reportero está en conexión directa con la redacción de su empresa, quien informa a su vez a éste de las noticias que recogen las competencias.
Por último, diferenció entre tres tipos de corresponsales de guerra: empotrados (vinculados a una compañía militar), unilaterales (que no dependen tanto de un organismo oficial, “campan a sus anchas”) y ojos (que son totalmente autosuficientes). Uno de los puntos clave de su ponencia se presentó al final de la misma: se habló de la “guerra de la desinformación”. Se mencionaron las cantidades económicas que entre el ejército y los medios se movían: hasta 10. 000 $ se habían llegado a pagar por permitir la entrada de las cámaras en una guerra. Un síntoma más de que la guerra es puro espectáculo; ha de ser grabada sea como sea.
Ramón Lobo, de El País, presentó una de las ponencias más dinámicas y entretenidas; no sólo basó su tiempo en informarnos, sino que nos sedujo con anécdotas graciosas y consejos prácticos para los futuros comunicadores que allí nos reunimos. Hizo mención al escritor polaco
Kapuscinski, de quien destacó la frase “El encuentro con el otro” al referirse al periodista como una persona volcada en descubrir al hombre, al otro. Subrayó que la esencia de cualquier reportaje es ir al sitio y preguntar por sus protagonistas. Además, y como ya hemos mencionado antes, nos dio claves para ser un buen periodista y redactor: ver el marco del conflicto, encontrar a los protagonistas y documentarse; saber describir el sabor, el color y el olor de la escena para introducir al lector en el lugar de los hechos. Sobretodo, ser honesto, más que objetivo… totalmente de acuerdo.
Bru Rovira, de La Vanguardia, hizo mención al recurso de la guerra, que no era otro que la derrota de la humanidad. También aludió al periodista y escritor Kapuscinski, de cuyas ideas constituyó el contenido de su ponencia.
Javier Bauluz, Premio Pulitzer en Periodismo, dejó a los espectadores del Paraninfo con el corazón encogido. Su fotografía de conflictos como el de Ruanda, Chiapas o la inmigración en El Ejido, hicieron de su puesta en escena algo sobrecogedor, a pesar de los fallos técnicos en su portátil.
Alberto Sotillo, del periódico ABC, fue el más breve y sólo destacó la crónica de guerra como un género literario más.
Javier Espinosa, de El Mundo, pudo ser quizá el ponente más idealista cuando contaba aquello de que era inaceptable que las empresas y los gobiernos se negaran a enviar periodistas a las guerras por decir que era peligroso. Espinosa mencionó que no se secuestra para matar, sino sólo por dinero. Definió al corresponsal como alguien privilegiado, que acude al lugar del conflicto con todos los gastos pagados. Mencionó su caso concreto: “yo trabajo sin nada que me proteja, el chaleco antibalas no te permite movilidad alguna”.
Y por último, las dos chicas:
Pascale Bourgeaux, de RTBF (Televisión belga francófona), que centró la totalidad de su discurso en la búsqueda de una explicación al asesinato, tan en ocasiones utilizado por la clase política, del corresponsal en Irak,
José Couso. Por otro lado,
Mercedes Gallego, corresponsal en USA del Grupo Vocento, fue la más elogiada y escuchada por la media sala de mujeres que ocupaban el paraninfo. No sólo por su defensa de la mujer, de quien dijo, era perseguida, torturada y violada en muchas ocasiones por miemb
ros de los ejércitos, sino por ser además la encargada de iniciar y presentar el merecido homenaje a su amigo y compañero,
Julio Anguita Parrado. Para nosotros fue éste momento, quizá, el más emocionante del seminario; las lágrimas de la madre del reportero hicieron sentirnos incluso exhaustos y tristes a la vez. Lo verdaderamente conmovedor fueron las palabras, que a pesar del llanto sujeto, pudo mencionar Antonia Parrado sobre su hijo.